Jueves grande

Si alguien despistado hubiera estado paseando anoche por cualquier otro barrio de Badajoz que no fuera el Casco Antiguo y no se hubiera enterado de que ayer procesionaba la Patrona seguro que se hubiera preguntado “¿pero qué pasa aquí?¿Donde se ha metido todo el mundo?”. Son preguntas con muy fácil respuesta: están viendo la procesión de la Soledad.

Con la puntualidad que merece tan magno evento, las puertas de la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad se abrían a las 19:00 horas para que la Cruz de Guía se plantarara en el rosetón de la fachada. La voz del Nazareno Mayor se escuchaba en la megafonía interior pidiendo “Más nazarenos de cirio, por favor” mientras ya salían por el dintel cargos, insignias, nazarenos antiguos… “Costaleros de la Paciencia”. Y, una vez preparados, a la voz de “A esta es” el Amarrao salía ante su gente. Y trás los niños (alredor de 40 niños este año en el cortejo infantil, la cantera cofrade evoluciona y solicita a gritos nuestra atención e impulso) el Señor de la Humillación. Con sus faraones que dejarían claras sus intenciones en la revirá de Vasco Núñez. Poquito a poco, esforzándose en parar el reloj aunque fuera con la música de las suelas de sus alpargatas rechinando por la cera. Y después la Señora. Con unos andares especiales. Clavados. Justos. Elegantes. Realzados por las dos cuadrillas de hombres de las que dispusieron los Peinado. Padre e hijo. Chupi y Pitu. Y Samu, que hizo incluso su esperada llamada. Y todo Badajoz viéndola. Y todo Badajoz queriéndola. Y todo Badajoz esperándola.

En la Estación de Penitencia brillaron con luz propia los hombres del Amarrao. ¡Vaya manera de andar! Vaya manera de cortar el aire frío que se levantó en ese momento con pasos cortos, con mesura, con cuidado, con Paciencia. Y arranca Salamanca y se arrancan los de Juan Carlos y Antonio. Y todos los fieles de la vera de San Juan se arrancan a aplaudir. Vaya cosa bonita que nos dejaron. Y vuelta a casa. Con Domingo y con Raúl y con Guti y con sus cosas: cuatro esquinas para llorar… de emoción. Don Celso lo supo también con Nuestra Señora… que se llora de emoción. Gracias Señor Arzobispo por acompañarnos en una noche tan bonita. Gracias, Badajoz por esperar a los que vuelven en la Placita de los sueños en blanco y negro.

Las entradas, ideales. Vellos de punta en cada himno. Caras tapadas en la Plaza. Y puertas cerradas que volverán a abrirse a las once de la noche de hoy viernes. Penitencia.

2 pensamientos en “Jueves grande”

  1. Excelente crónica!!!, con leerla revives cada uno de los momentos de la Estación de Penitencia.
    Gracias.

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